Ser avalista de un préstamo es uno de los compromisos financieros más serios que puede asumir una persona, aunque a menudo se firma en pocos minutos y por cariño.
Padres que avalan la hipoteca de sus hijos, hermanos que respaldan el préstamo de un negocio, amigos que firman para que otro consiga un coche: detrás de cada aval hay una historia de confianza. En esta guía explicamos qué responsabilidades asume el avalista de un préstamo, qué derechos le reconoce la ley, cómo afecta el aval a su propio crédito y qué caminos existen para dejar de ser avalista.
Índice
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Avalista o fiador: qué dice la ley
El Código Civil (BOE) regula la fianza en sus artículos 1822 y siguientes: por la fianza, una persona se obliga a pagar o cumplir por un tercero si este no lo hace. En la calle decimos avalista, pero en los contratos de préstamo la figura que casi siempre se usa es esta fianza. El matiz que lo cambia todo es si el fiador se obliga de forma simple o solidaria.
El fiador simple goza del beneficio de excusión del artículo 1830: el banco no puede obligarle a pagar sin antes haber agotado los bienes del deudor principal. Sin embargo, el artículo 1831 establece que ese beneficio no existe cuando el fiador renuncia expresamente a él, cuando se obliga solidariamente con el deudor o cuando el deudor está en concurso. Y eso es justo lo que suelen incluir los contratos bancarios: el avalista solidario renuncia a los beneficios de excusión, orden y división, de modo que la entidad puede reclamarle toda la deuda desde el primer recibo impagado, sin esperar a embargar al titular.
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El Banco de España lo resume con claridad: con frecuencia la renuncia a estos beneficios se incluye en el contrato, por lo que conviene leer despacio lo que se firma y preguntar todas las dudas antes de hacerlo.
Riesgos reales de ser avalista de un préstamo
- Responder con todo tu patrimonio: si el titular no paga, el banco puede reclamarte capital, intereses de demora y gastos, y llegar a embargar tu nómina, tus cuentas o tu vivienda.
- Aparecer en la CIRBE: el aval consta en la Central de Información de Riesgos como riesgo indirecto y las entidades lo tendrán en cuenta cuando pidas financiación para ti.
- Acabar en un fichero de morosos: si hay impagos y te reclaman la deuda sin que la atiendas, también puedes ser incluido en un registro de solvencia.
- Un compromiso muy largo: en una hipoteca a 30 años, el aval puede acompañarte casi toda la vida laboral.
- Tensiones familiares: el dinero rompe con facilidad relaciones que parecían firmes, sobre todo cuando nadie habló claro al principio.
Un riesgo que muchas personas desconocen: si el titular se acoge a la Ley de Segunda Oportunidad y obtiene la exoneración de sus deudas, eso no libera al avalista. El artículo 492 del texto refundido de la Ley Concursal dispone que la exoneración no afecta a los derechos de los acreedores frente a fiadores y avalistas, que no pueden invocarla en su favor.
Derechos del avalista que conviene conocer
Ser avalista no significa quedar indefenso. Si un día tienes que pagar, el artículo 1838 del Código Civil te reconoce el derecho a que el deudor te indemnice por la cantidad pagada, los intereses legales desde que le comunicaste el pago, los gastos y, en su caso, los daños y perjuicios. Además, el artículo 1839 te coloca en la misma posición que tenía el banco frente al deudor.
También puedes actuar antes de pagar. El artículo 1843 permite al fiador dirigirse contra el deudor para que le releve de la fianza o le garantice, entre otros casos, cuando es demandado judicialmente, cuando el deudor cae en insolvencia o cuando la deuda ya es exigible. Si sois varios avalistas y uno paga, el artículo 1844 le permite reclamar a los demás la parte que les corresponda.
En las hipotecas sobre vivienda, la Ley 5/2019 de crédito inmobiliario extiende al fiador las normas de protección del prestatario: el banco debe evaluar también tu solvencia, informarte por escrito si deniega la operación y tú tienes la obligación de acudir al notario antes de firmar para recibir asesoramiento gratuito sobre lo que vas a asumir. Y si la deuda hipotecaria se vuelve impagable, el Código de Buenas Prácticas puede aplicarse también a fiadores y avalistas para proteger su vivienda habitual, siempre que reúnan los requisitos del deudor.
Cómo dejar de ser avalista
La mala noticia es que el aval no se cancela por voluntad propia: dura mientras dure la deuda garantizada, salvo que el contrato diga otra cosa. La buena es que hay caminos para salir de él, casi siempre negociando con el banco:
- Sustitución por otra garantía: el titular ofrece otro avalista, un depósito pignorado o una garantía real y el banco acepta liberarte.
- Mejora de la solvencia del titular: si sus ingresos han subido y la deuda ha bajado, se puede pedir una novación del préstamo que elimine el aval.
- Subrogación o cambio de banco: al llevar la hipoteca a otra entidad puede negociarse una operación nueva sin avalista.
- Amortización o cancelación: cuando la deuda se paga, la fianza se extingue con ella, como recoge el artículo 1847.
Hay además un detalle legal que protege al avalista: según el artículo 1851, si el banco concede al deudor una prórroga sin tu consentimiento, la fianza se extingue. Por eso las entidades suelen pedir la firma del avalista cuando amplían plazos o refinancian. Antes de firmar una nueva ampliación, pregúntate si quieres seguir comprometido.
Antes de firmar: una lista de comprobación
- Lee el contrato entero y busca las palabras “solidaria”, “renuncia” y “excusión”.
- Pregunta si el aval puede limitarse a una cantidad o a un número de años.
- Pide ver la evaluación de solvencia del titular y su cuadro de amortización.
- Calcula si podrías pagar la cuota sin poner en riesgo tu hogar.
- Acordad por escrito cómo te informará el titular de cada pago.
Una mirada de fe sobre el aval
La Escritura no esconde los peligros de la fianza: “No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. Si no tuvieres para pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?” (Proverbios 22:26-27). Esta advertencia no nace de la desconfianza, sino del amor de Dios por tu casa. Ayudar con generosidad es bueno; comprometer lo que no podrías perder, no. Pide sabiduría y recuerda que proteger a tu familia también es una forma de amar a quien te pide ayuda.
Conclusión
Ser avalista de un préstamo te convierte en responsable de una deuda que no controlas. Antes de firmar, comprueba si el aval es solidario, calcula si podrías pagarlo y busca alternativas. Si ya avalaste, conoce tus derechos, revisa tu CIRBE y negocia con el banco tu salida cuando la situación del titular lo permita.
Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento jurídico ni financiero personalizado. Ante una reclamación concreta, consulta con un abogado o con el servicio de reclamaciones del Banco de España.

Fernando Peres comenzó su trayectoria en el mundo de los blogs en 2015, cuando decidió compartir sus pasiones y conocimientos a través de la escritura en línea. Desde entonces, se ha dedicado a crear contenido sobre fe, oración y espiritualidad, junto con finanzas personales, organización familiar y desarrollo personal, para ayudar a vivir con más serenidad, responsabilidad y esperanza. Bienvenido a mi blog; espero que te guste.
